LA SEÑORA Y EL ÉXTASIS

lunes, 3 de enero de 2011

Llevado por mi incontrolable curiosidad, decidí visitar una hermosa iglesia de culto católico que existe en mi ciudad, por la que había pasado en diferentes ocasiones. Entré con mi mente preparada para recibir todas las impresiones y sensaciones posibles, con un espíritu de enorme respeto por todos aquellos que profesan una fe. En la entrada, centré mi atención en algunas personas que de forma paciente esperaban la salida de los creyentes para recibir algunas monedas en concepto de limosna y pensé que, desgraciadamente, había cosas que con el paso del tiempo no cambiaban. Una vez dentro, pude contemplar hermosas cristaleras con motivos religiosos y bellas pinturas que recreaban, (creo que es  así) pasajes sagrados. No había mucha gente pero todas mantenían un respetuosos silencio y algunas se entregaban a recogidas oraciones utilizando  para ello los reclinatorios. Después de un tiempo prudencial, decidí dar por terminada mi visita y me dirigí hacia la salida cuando, de repente, por la puerta apareció una elegante señora que con paso firme se dirigió directamente al altar principal. Delante del gran Cristo Crucificado, extrajo un pañuelo de su bolso y primorosamente lo depositó en el suelo, acto seguido, se arrodilló sobre él y colocó el bolso junto a sus rodillas. Levantando su cabeza de forma lenta hacia la figura del Cristo comenzó a elevar  sus brazos hasta situarlos en forma de cruz. Aquella imagen, teniendo en cuenta mi desmesurada curiosidad, hizo que regresara al interior de la iglesia y de forma muy discreta me situara cerca de la mujer utilizando, para pasar lo más desapercibido  posible, los reclinatorios a la vez que hice ver que me encontraba orando, (lo siento). Observé con calma a la señora, su ropa tenía toda la pinta de ser de marca cara y sus pulseras,collares y anillos,  (pues llevaba bastantes de todo)  daba a entender que no tenía excesivos problemas económicos. Al tiempo también me fijé que, a la derecha de la señora y medio oculto por una columna,  se encontraba un sacerdote (el párroco, supongo)  quien contemplaba la escena con cara de evidente complacencia. Mientras tanto la señora, (que ya llevaba algunos minutos en aquella situación), quedó en un estado que yo me atrevo a definir como de éxtasis.

Pasaron algunos minutos más y la dama se puso de pie. Después de recoger con cuidado el pañuelo y guardarlo en el bolso, se dirigió hasta donde estaba el cura con el cual inició lo que parecía ser una amable conversación. Pude ver como antes de finalizar el diálogo, la señora le entregaba un sobre y acto seguido se dirigió a la salida. Yo no pude evitar seguirla llevado por mi creciente curiosidad y vi como en la puerta repartió algunas monedas entre los pedigüeños que se encontraban en ella. Posteriormente, se dirigió al coche que la estaba esperando con un chófer en su interior. El vehículo arrancó desapareciendo rápidamente  engullido por el tráfico. Rápidamente volví al interior de la iglesia y llevado por una galopante curiosidad, me dirigí hacia donde todavía se encontraba el sacerdote. Disculpe padre, (abordé al cura), hola hijo, ¿en qué puedo ayudarte?, ( respondió él ), verá..necesito hacerle una pregunta, si es usted tan amable de responderla. Bien, veremos si puedo responderte, ¿de que se trata hijo mio?, ( me contestó) es sobre la dama, la señora que habló con usted hace un momento. ¿Y que quieres saber de ella ?,( dijo el cura quedando un poco a la defensiva) pues.. me llamó mucho la atención la devoción que demostró ante el altar. Si hijo, es una buena cristiana y tiene mucho que agradecer a nuestro señor, ( me respondió con una sonrisa) ¿ tiene mucho que agradecerle a Dios?, ¿y en qué aspecto padre?, (le pregunté) no sé si debo responder a tu pregunta hijo pero...bueno...pareces una buena persona y entiendo que sólo te mueve una sana curiosidad. Por supuesto padre, es sólo sana curiosidad, ( respondí de inmediato), en fin , te lo contaré, la señora era un persona muy pobre y entró a servir en una muy buena casa donde el amo, que es mucho mayor que  ella y que había quedado viudo, se enamoró perdidamente y todo gracias a la intervención divina, la hizo su esposa y la muchacha se convirtió en una persona muy rica, por esa razón viene cada semana para agradecerle a Nuestro Señor lo que hizo por ella , ¿ lo entiendes ahora hijo mio?.  pues... ¿y quiere decir que fue obra de Dios que el amo se casara con la chica?, ¿le pregunté un poco sorprendido por la afirmación del sacerdote? a lo que el cura algo contrariado me respondió: ¿pero, como te atreves a dudar de la intervención divina en la suerte de la mujer?. no, no padre faltaría más, está muy claro todo el tema, ( respondí algo asustado) bueno, no quiero molestarle más, ( le dije ) así que ya me marcho que queda mucho día y muchas cosas para hacer. Muy bien hijo, ( contestó él ) ve con Dios y no olvides dejar la voluntad cuando pases ante el cepillo. Claro padre, así lo haré ( le respondí mientras me marchaba). Puse algunas monedas en la caja de los donativos mientras en mi espalda sentía la distante pero atenta mirada del sacerdote y salí de la iglesia. En la puerta repartí las pocas monedas que me quedaban y me alejé del lugar. Mientras caminaba, no pude dejar de pensar en la historia que me había contado el cura llegando a la conclusión que, si de la noche a la mañana yo pasara de pobre a millonario gracias a una intervención celestial, a mi también me entraría el éxtasis.

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