Parte 3º
La Tierra de Ke-M-eT
El sol se eleva por el Levante de Jerusalén. La luz de la estrella de AquA se filtra a través de la ventana y mi cuerpo híbrido me indica que ya descansó lo suficiente. Después de recoger mis cosas de humano, bajo a la recepción y le pido al omnipresente recepcionista que prepare mi cuenta y solicite un taxi para que me lleve al aeropuerto. Durante el recorrido, observo las calles de la ciudad pensando que, posiblemente, sea la última vez que pueda hacerlo. En el aeropuerto, realizo las gestiones necesarias y me dispongo a esperar la salida del vuelo que me llevará a otra ciudad. Mi Señor AshrÁ me ordena que busque la siguiente clave en la por mi muy querida ciudad de El Cairo, en la vieja tierra de Ke-m-eT.
La llegada a mi nuevo destino se realiza sin más contratiempo. La forma de volar de los humanos me resulta especialmente simpática teniendo en cuenta como soy proyectado habitualmente dentro de mi Abiculo a través de las estrellas o como me trasladaba cuando había libertad para hacerlo en mis primeras exploraciones aquí. El tumultuoso sonido de la milenaria ciudad del Nilo, se hace patente ya en el propio aeropuerto y entre el tumulto recojo mi maleta y procuro un lugar intimo para salir de allí con mi nueva personalidad. Una vez fuera, llamo a un taxi y le pido al taxista que me lleve al hotel donde me hospedaré, que se encuentra anclado en el propio río que Mi Señor bautizó como It-e-rU. Mi nombre es Ivan Vorenko, soy ruso y me encuentro de merecidas vacaciones después de diez años de matrimonio y un complicado divorcio. Mi profesión es la de químico y trabajo para una empresa del gobierno, lo que me permite cierta solvencia económica, fruto de la cual me encuentro aquí para conocer el maravilloso mundo de los faraones.
Después de un interminable trayecto sorteando el caótico tráfico de la ciudad, llego a mi hotel flotante y me persono en el hall del barco. Delante de mi, esperando ser atendido por los diligentes empleados, se encuentran varias personas que poco a poco van desapareciendo en dirección a sus habitaciones. Ya en mi turno, me registro y llave en mano, voy en busca de la mía. El lugar es poco espacioso pero suficiente para disfrutar de un alojamiento que permitirá, con comodidad, el recorrido por el gran río. Después de acomodar mis cosas, me cambié de ropa y me dispuse a conocer la nave. En cubierta, sentí en mi disfraz humano la brisa del atardecer cairota al tiempo que pude ver el inmenso caos de los puertos fluviales llenos de hoteles flotantes al servicio de los millones de turistas que desean visitar las tierras de los antiguos hijos del Dios Sol. Sonrío pensando en lo que darían todos estos turistas por conocer realmente cómo se produjo la fundación del viejo Egipto, que yo viví en persona.
Salí de Jerusalen cuando el sol nacía y ahora, en la cubierta del hotel, me dispongo a presenciar cómo la luz que da vida a este mundo desaparece por el horizonte, busqué una mesa y tome asiento a la espera del breve pero maravilloso espectáculo. Quedaba algo de tiempo para el crepúsculo por lo que me acomodé en mi asiento tomando uno de los cigarrillos rusos que llevaba en mi bolsillo y me dispuse a saborear otro de los pequeños placeres que tomé de los maravillosos pero siempre impredecibles híbridos. No pasó mucho tiempo hasta que el camarero que atendía el bar de la cubierta se acercó a mi, buenas tardes señor, ¿qué desea tomar? (dijo el camarero en un forzado inglés), un café, si ...un café pero me gustaría saber que tipos de cafés tienen aquí (le conteste en un cerrado ruso- inglés) pues, tenemos café árabe y también café robusta que nos llega del centro de África, (responde el camarero) no, me apetecería algo con sabor fuerte y concentrado, por ejemplo......un ristretto, (le digo al camarero haciéndome pasar por un entendido),¡¡Ah!!, (responde el camarero aliviado) el señor quiere un café tipo italiano, expreso ¿es así señor?, correcto, si, tipo italiano, (le respondo complacido), y dicho ésto, el camarero parte raudo en busca de mi café. Al poco rato y saboreando en pequeños sorbos el intenso sabor de mi ristretto, contemplo la majestuosa puesta de sol desde mi mesa, en la terraza de la cubierta del hotel flotante.
Al término de mi gratificante momento crepuscular, me dirigí a la habitación con intención de arreglarme para la hora de la cena, yo no necesito alimentarme pero mi cuerpo humano si y debo cuidarlo para que me sirva bien. La puerta estaba abierta y en su interior contemplé a una camarera que depositaba cuidadosamente sobre la cama una típica túnica árabe y a su lado un taqiya para poner en la cabeza. Al preguntar por el motivo de la presencia de aquellas prendas en mi habitación, ella respondió muy amablemente que, después de la cena se celebraría una fiesta en la que todos los clientes vestirían de forma típica, siempre y cuando les apeteciera hacerlo. La camarera tras responder a mi pregunta, salió de la habitación cerrando tras de si la puerta. Me gustó la idea de vestirme de forma típica para la cena y posterior fiesta pero pensé que, estando en Ke-m-eT, no tenía nada de egipcio un disfraz típico árabe en la tierra de los antiguos faraones.
La cena fue realmente espléndida, noté una sensación de plenitud y bienestar que indicaba claramente la satisfacción que produjo en mi cuerpo sólido. Un buen puro y una copa de coñac completaron la ceremonia. Mientras los camareros acondicionaban el lugar para el comienzo de la fiesta, me dediqué a observar a las personas que ocupaban la sala. Todos vestían los disfraces que habían provisto los organizadores y el efecto del alcohol, que de forma generosa se repartía, se reflejaba en las risas desmesuradas y los comentarios grandilocuentes de los comensales. Como no tenía compañía, por declinar compartir mesa con otros pasajeros, me ubicaron en un extremo de la sala que me ofrecía la ventaja de una buena visión general. Sobre un pequeño escenario, se situaba la orquesta no muy numerosa, pero suficiente para el evento que se avecinaba. Poco a poco, los diligentes camareros distribuyeron las mesas con sus ocupantes de tal forma que el centro de la sala se convirtió en una pista de baile. No pasó mucho tiempo cuando las luces se atenuaron y comenzó una suave música de tipo arábigo. Tras unas cortinas e iluminada con un foco dirigido, apareció una típica bailarina árabe que, con movimientos lentos y sensuales, tomó el centro de la pista. Durante varios minutos todos quedaron absortos con la coreografía que ejecutaba la "Belly Dancer", posiblemente influido por mi cuerpo humano, me quedé encandilado mirándola y debo reconocer que me resultaba extrañamente atractiva la bailarina híbrida, hecho que ya me había pasado en otras ocasiones con las hembras de los Hu-ma-dos-apienS.
Al finalizar la danza, el público aplaudió entusiasmado, mientras la interprete agradecía con grandes reverencias a los presentes. Aplaudí complacido hasta que noté sus verdes ojos clavados en mi y por este motivo, dejé de hacerlo. La mujer, sin dejar de mirarme y con una sonrisa que me desorientaba, se acercó a mi mesa. Buenas noches caballero, es usted el ganador de mi compañía por lo que resta de noche (dijo la hermosa bailarina, mientras se sentaba) y sin darme tiempo a reaccionar, dio dos palmadas y un presto camarero trajo una botella de champagne con dos copas, que tras llenar depositó sobre la mesa y nos dejó solos al tiempo que noté que varios hombres y también alguna mujer, ovservaba con una mezcla de curiosidad y envidia morbosa la escena. Se comportaba de una forma que yo no era capaz de interpretar y durante unos segundos se limitó a beber, mientras que no apartaba sus ojos de los míos. No se preocupe,( rompió el silencio) es habitual que la artista conceda su compañía al cliente que ella elija y yo, le elegí a usted, ( dijo en voz baja) ¿ a mi ? (contesté... por decir algo) a lo que ella respondió con otra pregunta, ¿como te llamas? Iván, (respondí) ¿ Iván? no mi amor, tu no te llamas Iván, sé perfectamente quien eres y nuestro encuentro no es casual, (contestó al tiempo que su boca dejó de sonreír) yo, al oír sus palabras, entré en un estado de preocupación que no pasó desapercibido para ella y sin darme tiempo a reaccionar continuó hablando, no te preocupes, te conozco desde hace cientos de Ekras y tu también me conoces a mi, ¿no me recuerdas?, yo me limité a mover la cabeza dando a entender que no, por lo que ella tomando de nuevo la iniciativa dijo: el fiel Da-nel, jamás pensé que volvería a ver tu luz, ¿quien eres? (le pregunté) ¿que quien soy? anda, invítame a uno de esos cigarrillos rusos que llevas, (contestó al tiempo que soltó una sonora carcajada), cuando le di uno de los pitillos que llevaba, ella lo encendió, comenzó a fumar sin dejar de mirarme de tal modo que sentía la tortura de encontrarme indefenso ante aquella hermosa mujer que evidentemente, era una híbrida, pero su longevidad por lo que me contó, no tenía explicación para mi.
La música se apoderó del lugar y los clientes bailaban intentando seguir el ritmo a pesar de que en algunos casos, el alcohol dificultaba de forma evidente sus movimientos, el jolgorio impedía poder seguir nuestro diálogo, ella, tomando la botella e indicándome que la siguiera, salió de la sala. A prudente distancia y sin dejar de mirarla fui tras aquella mujer. Llegamos a un corredor de camarotes, donde se detuvo ante una de las puertas, se giró hacia mi y dándome la botella dijo: espera aquí, voy a cambiarme... y no te bebas tú sólo lo que queda, yo hice lo que me indicó y esperé a que volviera a salir. Me conocía, o al menos sabía mi nombre, habló de mi luz pero su comportamiento, no era propio de un El-oh-iM, no, no era uno de ellos y si así fuera, yo lo habría percibido pero,¿quien era?. La duda se apoderó de mi y el hecho de ser descubierto, me hizo sentir un humano y lógico temor. Como vi que tardaba, tomé asiento en una de las sillas que había en el corredor y esperé. Para mi, que el tiempo transcurre sin representar nada en mi existencia, tardó una eternidad en salir. Por fin la puerta se abrió y totalmente cambiada volvió junto a mi. Vamos a cubierta, buscaremos un lugar tranquilo y hablaremos, (dijo ella tomando la iniciativa). Fui tras ella, al tiempo que pude ver su nueva imagen desprovista de ropas, (pocas por cierto) de bailarina egipcia. Su cuerpo, visto por detrás, era realmente agraciado y provisto de aquellas sinuosidades que tanto gustaban a los machos Hu-ma-dos-apienS y que, porqué no reconocerlo, a mi también me parecía muy agradable de observar.
Ya en cubierta, aprovechando que la mayoría de la gente se encontraba enfrascada en la fiesta, buscamos un par de hamacas que, al amparo de la intima luz de Se-len, resultaban solitarias y lejos de los oídos de las pocas parejas que por ahí pululaban ocupadas en sus románticos quehaceres. Una vez sentados, tomó la botella de champagne y se dedicó a beber directamente de ella. Me vuelve loca este licor (dijo mientras que con su lengua buscaba cualquier rastro de la bebida en sus labios), ¿te queda algún cigarrillo más? (volvió a preguntar), yo, sin decir nada, saqué la cajetilla y se la entregué. Encendió el pitillo dejando caer su cabeza hacia atrás al tiempo que mirándome fijamente comenzó a hablar. ¿No me has reconocido? (preguntó), a lo que yo contesté con un escueto movimiento negativo de mi cabeza, ¿ya no recuerdas cuando me mirabas en la sala de baños escondido tras las cortinas mientras mis sirvientas me bañaban?, (volvió a preguntar), al decir esto, fue entonces cuando mis recuerdos despertaron, pero no era posible, no podía ser ella. De nuevo continuó hablando: me gustaba más tu imagen sólida de entonces, (dijo ella) era más voluptuosa, más viril y no es que como ruso estés mal pero, me quedo con la otra, (dijo al tiempo que soltó una carcajada dejando ver a la luz de las estrellas sus preciosos dientes), y bien ¿todavía no sabes quien soy? (volvió a preguntar), si, ahora sé quien eres,(contesté con una sonrisa nacida de un agradable recuerdo), debí reconocerte al ver tus inconfundibles ojos y tu hermoso cuerpo, (le dije con mucho cariño, a lo que ella contestó con tristeza y tomando mi mano con la suya), de todos los hombres que he conocido a lo largo de tanto tiempo, tuve que enamorarme de uno que es luz y que con el paso del tiempo se había olvidado de mi.
La botella se terminó y ella hizo el simpático gesto de intentar apurar al máximo su contenido y mientras reía de forma desenfadada lanzó por la borda el vacío recipiente quedando después recostada sobre los almohadones de su hamaca, mientras que yo en mi mente mezclaba las imágenes del pasado con las del presente, no dejaba de mirarme con una sonrisa de suave picardía. Estuvimos así durante bastante tiempo hasta que decidió romper con su voz el silencio, ¿sabes Dan-eL?, cuando recibí la orden de tu señor, estuve a punto de pedirle que no fuera yo quien contactara contigo, ¿porqué? (le pregunté) ¿porqué?,..... para evitar sentir de nuevo lo que siento ahora, (me contestó con cierta tristeza), ¿y que sientes ahora?, (volví a preguntar, a lo que ella respondió muy seriamente), placer y dolor amor mio....placer y dolor, dicho esto, se levantó diciendo: vamos a tu camarote, pasaremos lo que resta de noche juntos, no debemos levantar sospechas y me comportaré como se espera que actúe con un cliente, (no quise contestar pues me imaginé a lo que se refería y juntos nos dirigimos a mi habitación).
Por los pasillos nos encontramos con varias personas que, a pesar del cambio de ropa de ella, nos reconocieron cruzando con nosotros miradas de complicidad. Ya dentro, procedió a ducharse sin preocuparse de cerrar la puerta del baño y con la clara intención de que pudiera contemplarla, lo que me hizo recordar el descaro y el desparpajo que siempre tuvo. Al tiempo que se duchaba, volvía de vez en cuando su cabeza hacia mí, sonriendo traviesamente. Después de secarse, se arregló el pelo con los dedos, salió del baño totalmente desnuda colocando las manos en su cintura y con gesto provocativo dijo: ¿qué?....¿quieres recordar viejos tiempos o prefieres mantener tu luz encendida?, a lo que yo sonriendo respondí: de momento vamos a descansar, si cambio de opinión, te lo haré saber, ella respondió cogiendo mi cara con sus manos y dándome un intenso beso, al finalizar dijo: al menos con tu forma humana sé donde tienes la boca y riendo, se metió en la cama. Después de desnudarme, me uní a ella que inmediatamente se abrazó a mi abandonándose en un reparador sueño. Estoy totalmente seguro que, aquel momento, representó para ella una sensación de seguridad y cariño al estar acompañada por uno de los suyos como hacia cientos de años que no sucedía.


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