EL HIJO DE ASHRÁ 6ª Parte

lunes, 24 de enero de 2011


El Hijo de AshrÁ

Parte 6º

El tercer contacto


 
Cuando todo parecía calmado y pensando que podría dedicarme a poner en orden mis recuerdos, estalló la guerra. Desde la habitación de Amina y cumpliendo el precepto de que la calma precede a la tormenta, la enfadada princesa soltó a la fiera que llevaba dentro y comenzó a romper cosas al tiempo que por su boca salia una cantidad de improperios sólo comparables al volúmen de lo lanzado por la erupción de un volcán. Entre las muchas barbaridades que profería, pude distinguir algunas dedicadas explícitamente a mi y que hacían referencia a mi falta de apetito sexual y en otros casos, según pude oír, a mi  nula masculinidad. El idioma que utilizó para desahogarse era el antiguo de Ke-M-eR y reconozco que a pesar de conocerlo sobradamente, la magnitud de lo dicho, dificultaba enormemente su comprensión. La batalla que libraba Amina duró bastante  tiempo hasta que, de repente, se hizo el más absoluto silencio únicamente roto por los sollozos entrecortados de la princesa. Poco después, pude sentir como la puerta de la habitación se abría y me preparé para ser protagonista de cualquier cosa. Con mi cuerpo humano durmiendo a pierna suelta, mantuve mis dos sentidos de luz totalmente alerta. Amina, apareció en el umbral de la puerta de la terraza y con una apariencia peligrosamente tranquila, se quedó observándome. Como ella no sabia que la observaba, se dirigió hacia mi colocándose sigilosamente de rodillas a pocos centímetros de mi cara. Tenia los ojos rojos como tomates  y el maquillaje, que antes los embellecía, ahora manchaba buena parte de sus mejillas diluido por las lágrimas vertidas. Pude sentir su aliento de lo cerca que se situó de mi y a decir verdad, temí que en cualquier momento sus largas y cuidadas uñas se ensañaran con la pobre cara del ruso que seguía durmiendo plácidamente. Pero, una suave y susurrante voz dijo: Da-meL, ¿estás dormido?, - yo fingí estarlo y ella continuó diciendo - amor mio ¿puedes oírme?, perdóname por favor, no sé controlarme y todo lo que dije, no lo siento realmente, - aquella situación comenzaba a gustarme a pesar de no acabar de fiarme de ella,  forcé a mi disfraz para que en un pequeño movimiento de persona dormida, mejorara nuestra proximidad, Da-meL, - continuó hablando con una suavidad que daba miedo conociendo su carácter- despierta, no puedes seguir durmiendo aquí vas a enfriarte, - después de decir ésto y como aquél que es despertado en mitad de un profundo sueño dije -  eh , ¿eres tú?, disculpa, creo que me quedé dormido - y ella contestó  - ven, todavía es de noche, vamos a la cama que mañana tenemos mucho que hacer. Sí, es mejor que me acueste un rato, siento mi cuerpo híbrido bastante frío - le dije fingiendo no haberme enterado de nada - Amina me rodeo con sus brazos y ambos nos dirigimos a la habitación. Una vez en la cama y todavía vestida con su blanca y transparente túnica de fino lino blanco con la que se vistió para la cena, se abrazó a mi de tal manera que, prácticamente,  su cuerpo se fundió con el mio recostando su cabeza sobre mi pecho. En pocos minutos la relajada Amina, quedó profundamente dormida a la vez que  los latidos de su corazón retumbaban en mi piel, dulce y acompasadamente. Con la luz apagada, la oscuridad se apoderó de la habitación pero no para mi que tenía la sensibilidad de ver en cualquier situación lumínica. Normalmente, hubiera  aprovechado el sueño de mi cuerpo híbrido para recordar momentos pasados pero, en ésta ocasión y aprovechando la agradable proximidad que Amina me concedía, decidí dejarme llevar por las sensaciones que a través de mi cuerpo humano podía percibir. El tacto de los dedos sobre el fino lino que cubría su cuerpo, transmitía a mi centro sensorial unas agradables sensaciones que sólo cuando tomaba forma humana  podía percibir y la llegada de la información del olfato híbrido llenaba todo mi ser con el fresco e inconfundible perfume que siempre emanó  del hermoso cuerpo de la princesa Amin-A-medeN.

La luz del nuevo día se colaba por la entreabierta ventana de la habitación y como mi cuerpo  ruso hacia rato que me pedía comida, decidí levantarme con mucho cuidado para no despertarla y proceder a preparar el desayuno de ambos. Mientras se hacían  las tostadas, sentí la voz de Amina que, desde la puerta de la cocina dijo: Al despertar y ver que no estabas en la cama pensé que te habías marchado - sin dejar de untar la mantequilla y con voz tranquila, contesté - pues ya ves que no, sigo aquí - y abrazándose contra mi espalda respondió - si amor mio, sigues conmigo - tras un breve silencio siguió hablando - perdóname por lo que sucedió anoche, no soporto la idea de no poder tenerte, sabes que eres lo único que amo en este mundo y siento lo mismo que la primera vez que te vi cuando todavía era una niña - las palabras de Amina golpearon mis sentimientos pues yo no podía expresarle que, a pesar de pertenecer a distintas especies yo también sentía lo mismo por ella y éste hecho, trastornaba todos mis conceptos sensoriales al desconocer cómo un ser formado de luz y sin forma sólida como yo, podía sentir dentro de mi eso que los humanos llamaban amor - Amina - respondí intentando reconducir la situación - necesito que me lleves al tercer contacto, el tiempo pasa y debo cumplir mis órdenes - mientras ella untaba su dedo indice con mermelada y lo llevaba a su boca respondió - esta mañana realizaremos el contacto pero, prométeme que me llevarás contigo - llevando el desayuno a la mesa de la cocina y al tiempo que me sentaba para comer le dije simplemente - de acuerdo - a lo que ella lanzándose sobre mi para besarme y a punto de tirar la comida al suelo dijo - gracias, gracias, gracias te prometo que me comportaré bien y pasaré por una esposa fiel a la vez que muy discreta - dicho esto y después de manchar mi cara con la  mermelada que quedaba en sus labios se dispuso a devorar su desayuno.

Cuando salió vestida de la habitación no parecía ella. Sin apenas maquillaje y con el cabello recogido en un elegante moño, retomó un aire de niña grande que, a buen seguro, hacia mucho tiempo que no presentaba. Su ropa era de una discreción absoluta y consistía en una túnica con un pequeño  cuello en punta  que le cubría hasta los pies de color azul con bordados de flores en varios tonos y colores, como calzado,  unas frescas sandalias blancas que dejaban entrever sus hermosos  pies y como remate se puso unas bonitas gafas de sol. Por mi parte y siguiendo sus consejos, me vestí con una túnica árabe y también me coloqué unas gafas de sol pero que por culpa de la nariz del ruso no me quedaban tan bien como a ella. Al salir de casa, tomamos un taxi y nos dirigimos al centro viejo de El Cairo para, por fin, realizar el tercer contacto.

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