EL ÚLTIMO DIABLO

domingo, 2 de enero de 2011



Me llamo Gregorio López, tengo 94 años y según los maravillosos médicos que me atienden en el hospital en el que me encuentro ingresado, me quedan pocos días de vida. He mandado llamar al notario que se encuentra junto a mi cama, para que levante acta de lo que, antes de morir, quiero contar y que por miedo a que me tomaran por loco, jamás conté. Deseo que junto al testamento que el señor notario redactará cumpliendo mi ultima voluntad, entregue a mis herederos la confesión de un hecho que viví y que juro por mi honor, es totalmente cierto. Hago esto para limpiar mi conciencia por haberlo ocultado y poder morir en paz.



Tendría 17 o 18 años. ( la memoria la tengo buena pero han pasado muchos años), era un domingo de finales del mes de septiembre y mi familia, que había salido para pasar un día en el campo, me dejó amo y señor de toda la casa. Como hacía buena mañana, decidí salir a dar una vuelta antes de la hora de la comida, que mi madre preparó antes de marcharse. Cerca de casa había un quiosco de diarios junto a un bonito parque y pensé en comprar un periódico y aprovechar un banco con una buena sombra para echarle un vistazo. Antes de cruzar la calle y esperando que no pasara ningún coche, llamó mi atención una especie de bicho que se escondió detrás de una pila de diarios en el quiosco al que me dirigía. Con algo de curiosidad y pensado que pudiera tratarse de una rata, me acerqué,  pero cuál fue mi sorpresa cuando pude comprobar que el supuesto roedor, caminaba sobre sus patas traseras y totalmente erguido. Yo no tenía conocimiento  de la existencia de un animal pequeño y peludo que caminara a dos patas, por lo que me aproximé para asegurarme  de que mis ojos no me estaban jugando una mala pasada. Detrás de los periódicos vi al animal que, de forma  nerviosa, miraba a un y otro lado con el claro propósito de no ser descubierto. Cuando se apercibió de que yo lo estaba mirando, clavó sus ojos en mi y ante mi total estupor, hizo claros gestos con su mano para que me marchara. Lejos de convencerme aumentó  más si cabe mi curiosidad y, porqué no reconocerlo mi creciente incredulidad,  por lo que me puse junto él pudiendo comprobar que la altura de aquel bicho o lo que fuera, apenas alcanzaba mis tobillos. Durante unos segundos, él y yo, desde nuestras respectivas alturas, nos observamos y por poco se para mi corazón cuando oí que me dijo muy enfadado: ¿eres tonto? ¿es que quieres que me descubran?, no pude dar crédito a lo que sentía y no tuve tiempo de reaccionar cuando volvió a decir: ¡¡ márchate de aquí capullo, me vas a buscar la ruina!!, yo no era capaz de comprender lo que estaba pasando, limitándome a responder que no con mi cabeza y como no me movía de allí, el pequeño ser habló de nuevo, ¿Pero qué quieres, porqué no te marchas? a lo que yo respondí con un simple, ¿quién eres?, ¿que quien soy, y a ti que más te da?, ¡¡márchate ya, niñato!! (contestó con gran enfado), no, no me marcho sin saber quien eres, (y al comprobar que no cambiaría de opinión dijo), de acuerdo, tu ganas pero no aquí, es muy peligroso para mi, llévame a un lugar discreto y te diré quien soy pero luego me piro, ¿de acuerdo?, asentí con la cabeza y agarrando al bicho, que tenia un tacto parecido al de un gato pequeño,  lo introduje en mi bolsillo y nos marchamos de allí. Como no sabía donde encontrar un lugar lo suficientemente tranquilo, decidí llevarlo a mi casa.


Una vez en sitio seguro  y con la suerte de que mi familia no estaba, saqué al peludo ser y lo deposité sobre el sofá del salón al tiempo que me senté junto a él. El bicho paseó su mirada por el lugar y al término de su inspección dijo: Bien, ¿quieres saber quien soy?, pues soy un diablo, ¿un diablo? respondí totalmente incrédulo, si, pero uno de verdad y no la tontería que os habéis inventado los hombres con el tío ese con rabo y cuernos, ¡¡que patético!!, (respondió), Pero, ¿cómo es posible que exista una especie como tú y que no sea conocida?, Pues, muy sencillo... porque, por culpa de vuestras guerras, contaminaciones y otras aberraciones que habéis creado, cada vez fuimos menos y ahora sólo quedo yo, ( respondió a mi pregunta, con un cambio notablemente triste en su voz), ¿sólo quedas tú? ( le pregunté apenado, a lo que él acomodándose en el sofá, respondió con una especie de monólogo) mira...nosotros estamos en este planeta millones de años antes  de que los humanos aparecieran, convivimos con los dinosaurios y fuimos conocedores de cientos de especies que aparecieron y desaparecieron, mientras que nosotros seguíamos aquí pero, llegasteis vosotros y comenzó nuestro exterminio, sois la peor  y más destructiva especie que ha nacido en nuestro planeta, (hizo una pausa para secar sus ojos que comenzaban a humedecerse y continuó diciendo), mira, tenemos un vida muy larga  yo nací cuando los romanos mandaban por aquí e incluso conocí a quien llamáis Jesús de Nazaret ¿qué?, ¿que tu conociste a Nuestro Señor? (interrumpí al diablo totalmente alucinado por sus palabras), si, le conocí y créeme que existió y si alguien lo duda, puedes decirle tranquilamente que fue real, (respondió a mi asombrada reacción sabedor del impacto que causó en mi su revelación y continuó diciendo), tenía mucha labia y la gente le seguía con los ojos cerrados, pero los intereses políticos de la época terminaron con él,  pero... bueno, ya te he explicado bastante sobre mi y que te quede muy claro que la mala fama de los diablos  es un montaje de desaprensivos que buscaron mentiras para dominar mentes de su propia especie a través del temor a lo oculto y tomaron nuestro nombre por una razón que nunca llegué a entender,  convirtiéndonos en una especie maldita sin haber hecho nada malo, solamente por haber confiado en alguno de los tuyos que nos engañó, (después de decir ésto y con lágrimas en los ojos, terminó afirmando con mucha rabia) ¡¡lo que más deseo en esta vida, es ver como la raza humana desaparece de la faz de la tierra y permitir con ello al planeta tener una segunda oportunidad, hasta que el sol reviente y acabe con todo, aunque... me sabe mal por ti porque me pareces una buena persona pero, eres un hombre y debes desaparecer como el resto de los tuyos por el bien de la tierra. Dicho esto, bajó del sofá y con una extraordinaria agilidad saltó sobre el alféizar de la ventana y, volviéndose un instante hacia mi  dijo:¡¡hasta nunca!!, y desapareció de allí. No volví a verle nunca más.
 

Ahora, cuando el notario me entregue el documento de mi confesión  para que lo firme, podré descansar.

0 comentarios: