EL HIJO DE ASHRÁ 5ª Parte

lunes, 24 de enero de 2011



El Hijo de AshrÁ

Parte 5º

Amina


Con la llegada de Amina a mi camarote, llegó el caos. Encontrar en el baño las pocas cosas que me pertenecían, representaba para mi cada mañana una misión imposible. El resto del camarote era una acumulación de prendas femeninas situadas por doquier, mientras que la capacidad de almacenaje de los armarios fue superada casi de inmediato. A mis palabras, indicando la conveniencia de un poco de orden, siempre respondía con un " mañana me pongo manos a la obra" y terminaba  irremediablemente con un sinfín de besos y caricias que, con maravillosa facilidad, me convencía. El servicio de habitaciones realizaba la limpieza a duras penas mientras que ella les indicaba que no tocaran sus ropas y que ya se encargaría de hacerlo cuando tuviera un momento. Se cambiaba de ropa varias veces al día y la peluquería del barco era su segundo alojamiento. Los nobles Magos Atlantes no llegaron a imaginar el hermoso, cautivador y sensual monstruo que habían creado al conceder a Amina la eterna juventud, pero el momento de máxima gloria lo conseguía cuando bajábamos al comedor para cenar. Era tal su esplendor que, durante todo el tiempo de nuestra estancia allí, las miradas hacia nuestra mesa se convertían en un auténtico calvario para mi mientras que  el autentico objetivo de las miradas, Amina, reventaba de ego. Al terminar la comida, llegaba el turno del licor y los cigarrillos que mi acompañante disfrutaba como una posesa. A la hora de bailar, me arrastraba al centro de la pista agarrándose a mi como un pulpo y dejando ver al resto de comensales las "bondades" de su cuerpo, a duras penas cubierto por su sensual y bastante escaso vestido. Lo único que realmente me compensaba de todo aquello, era ver la cara del dueño del hotel flotante que, sentado en la barra del bar, no quitaba sus lascivos ojos de ella. Cuando coincidían nuestras miradas yo procuraba sonreír al tiempo que, con un gesto de mi mano le enviaba un saludo, al  que él respondía con otro de más amabilidad si cabe y lleno de rabiosa resignación.

El viaje por el Nilo tocó a su fin y por primera vez pude contemplar  al completo el equipaje de Amina que, realmente daba miedo tener que transportarlo. A la salida del barco y antes de cruzar la pasarela que conducía al muelle de embarque, se situó el dueño del hotel para despedir uno a uno a sus clientes, con el evidente fin de ganarse la posibilidad de que repitieran estancia en un futuro. Como no podíamos evitarlo, cuando llegó nuestro turno, el propietario besó muy gentilmente la mano de Amina  y, llegado mi turno, acerqué mi boca a su oreja y con gran placer le susurré: ¡¡esta mujer es un auténtico terremoto en la cama!!, y después de dicho ésto le di la mano, procediendo a continuación a desembarcar.  Sabedor de la curiosidad de Amina y, tal como esperaba, ella me preguntó, ¿qué le has dicho? a lo que contesté con una diabólica sonrisa, nada importante, que la estancia había sido muy agradable, ella no quedó en absoluto convencida y ante mis carcajadas, me dio una patada que seguro que al ruso tuvo que hacerle daño.

Cargamos lo mejor que pudimos el taxi y nos dirigimos a una casa que Amina tenia en un discreto barrio de El Cairo y que había heredado de un anterior amante que murió de puro viejo sin llegar a comprender por qué razón su amada se mantenía fresca y joven. Realmente era muy acogedora y bien situada con una intima terraza que ofrecía unas espléndidas vistas de la ciudad. No tenía servicio, por razones obvias de discreción y presentaba un estado de cierta dejadez que a ella no parecía importarle.
Pasaremos aquí un tiempo y, cuando estemos seguros, realizaremos el contacto, dijo mientras se desnudaba para ponerse cómoda,
¿dónde lo haremos? -le pregunté mientras intentaba acomodar las maletas,
en su momento mi amor, todo en su momento- respondió ella cariñosamente mientras se dirigía a la terraza totalmente desnuda. ¿Sabes?, -volvió a decir una vez en la terraza y abriendo los brazos como en un intento de abarcar el panorama que se ofrecía ante ella, desde pequeña, siempre sentí  un extraordinario placer al estar desnuda y sentir la brisa recorriendo mi cuerpo,
lo sé, -le respondí sentándome en un sillón de la terraza al tiempo que contemplaba el maravilloso espectáculo que me ofrecía.
Volviéndose hacia mi y con los brazos todavía extendidos me dijo: te mentí, en realidad fui yo quien le pidió a tu Señor ser tu contacto aquí,
también lo sé, -le contesté sin dejar de mirarla.
¿Ah sí...?, -dijo incrédula, ¿y cómo llegaste a saberlo?,
porque hace mucho que te conozco, Amina, -respondí levantándome para continuar acondicionando el equipaje, por cierto, ponte algo de ropa que ya comienza a hacer fresco y ayúdame a poner un poco de orden en esta casa.
Riéndose por mi último comentario, se dirigió a su habitación regresando cubierta con una preciosa y cómoda túnica que me volvió a confirmar  que era tan hermosa vestida como lo era desnuda.

Los siguientes días conseguimos poner en orden la casa. Amina se encargaba de los suministros mientras que a mi me correspondía preparar la comida, con más o menos fortuna, ante la comprensión cuando menos fingida,  de la anfitriona. Una de las noches, Amina, posiblemente cansada de mis fracasos culinarios, tomó la decisión de hacer la cena prometiendo que mi paladar volvería a sentir como en los tiempos de nuestra estancia en Atlantis en los cuales ella se encargaba de cocinar para mi cuerpo híbrido. Pidió que saliera a dar una vuelta para que le diera tiempo a prepararlo todo. Salí de la casa habiendo ya anochecido, paseando por el barrio sin alejarme en demasía. Calculé el tiempo necesario y regresé. Al llegar a casa, me recibió con un fuerte abrazo al tiempo que dijo: Da-neL, tengo una sorpresa para ti.
Algo me imagino por tu comportamiento - respondí sin dejar de abrazarla.
No, seguro que no esperas esta sorpresa - y dicho esto, tomó mi mano y me dijo: cierra los ojos y no los abras hasta que yo te lo diga - ella ignoraba que cerrar los ojos de mi cuerpo físico, en ningún momento anulaba mi capacidad de ver pero dejé que siguiera pensando lo contrario y seguí su juego.
Cogida de mi mano me guió hasta la terraza y una vez allí, Amina dijo: ya puedes abrir los ojos.
- Hice lo que ella me mandó y ante mi inexpresiva cara  preguntó - ¿qué...verdad que no te esperabas esta sorpresa? - la sorpresa a la que se refería Amina, consistía en una elaborada preparación de diferentes platos típicos de Egipto adaptados por ella a la vieja usanza de la corte del Pharaon de Ke-M-er que posiblemente, aprendió cuando, siendo niña, pasaba muchas horas jugando en la cocina con las sirvientas de palacio que sentían auténtica devoción por ella y que a buen seguro, le enseñaron algunas prácticas culinarias. Sobre una mesa baja, se alineaban los platos que había preparado en secreto  durante mi ausencia. Situó dos divanes  paralelos y de la misma altura que la mesa, para comer recostados como se hacia  en palacio, después de ofrecerme una jofaina para que lavara mis manos antes de tocar los alimentos, me acomodó en el diván cuidando de colocar unos almohadones para aumentar mi comodidad. Ella se recostó en el suyo, cuidando de forma elegante que una de sus piernas quedara al descubierto, mostrando los brazaletes que llevaba en sus tobillos y el circulo trenzado con pequeñas flores blancas que, justo encima de su rodilla, adornaba su pierna.
Me miró durante unos instantes y comenzó a describirme los platos  que se hallaban sobre la mesa. 
Mira Da-nel - comenzó a decir señalando uno de los platos - ésto es tabbouleh, es una ensalada de perejil con sémola de trigo y verás  que tiene un sabor bastante ácido - cambiando la dirección de su dedo dijo - ésto es mashi, que como puedes ver tiene arroz con carne, hojas de parra, tomates y berenjenas, ésto - continuó la explicación acompañada siempre con la indicación de su dedo - es koshari , y éstos son maravillosos dátiles de la rivera y ésto, ¡¡para!! - le dije - no sigas, todo tiene un aspecto fantástico pero, ¿a que se debe tanto despliegue culinario? - le pregunté -
¿A qué te refieres? - replicó ella poniendo cara de niña inocente - 
Amina, tú no haces nada sin una razón, ¿qué pretendes? - le contesté al tiempo que comencé a tomar con mis dedos la comida - 
¿Qué pretendo?-contestó y continuó diciendo - pues si quieres saber cuál es mi intención, te lo diré, - respondió con una sonrisa malévola - después de cenar, calentaré tu cama.
¿Qué? - respondí abriendo los ojos como platos - sabes que eso no es posible, yo no puedo aparearme contigo - le dije, sabedor que cuando tenia algo en la cabeza, era muy difícil hacerla cambiar de opinión, - ¿porqué no podemos hacerlo? - respondió elevando la voz con un punto de irritación - 
Amina, yo no tengo las sensaciones que tenéis los humanos incluso a diferencia vuestra, sólo tenemos dos sentidos y sabes de sobras que no tenemos  forma sólida, somos luz y nada más, - le respondí intentando calmar sus ánimos -
Si que tienes una forma sólida, te he visto desnudo y tienes todo lo necesario para aparearte conmigo y si no puedes hacerlo tú, utiliza al ruso,  - respondió Amina ya muy alterada y puesta en pie con gesto desafiante -
Basta ya - dije con enfado - yo no estoy aquí para aparearme con nadie y menos utilizando mi disfraz de humano - concluí poniéndome también de pie y dando evidentes muestras de enojo -
Durante unos segundos el silencio se apoderó de la situación mientras ambos de pie, nos mirábamos frente a frente.  Los ojos de Amina comenzaron a ponerse como los de un tigre a punto de devorar a su presa y tal como me temía,  explotó -
¡¡ Vete de aquí, no pienso seguir ni un minuto más contigo, busca tú solo al hijo de tu señor AshrÁ,  dile que no cuente más conmigo y en cuanto a ti se refiere, no necesito sexo, puedo tenerlo cuando quiera y allí fuera hay millones de hombres que están deseando tener mi cuerpo!!, - al terminar sus palabras, rompió a llorar corriendo hacia su habitación, cerrando la puerta con un gran golpe y dejándome en la terraza totalmente desconcertado.
 Ante la nueva situación decidí volver a mi diván y entretenerme con los ricos manjares que había sobre la mesa. Como no podía hacer nada más que esperar, terminado de comer, me acomodé en el diván a fin de pasar lo mejor posible lo que quedaba de noche. Tumbado boca arriba, pude contemplar el maravilloso espectáculo que ofrecía  la multitud de estrellas en el firmamento  y mis recuerdos al tiempo que el cuerpo humano dormía, acudieron a mi.

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